domingo, 7 de diciembre de 2008

Vida y Obra de José Cuervo, celebre geógrafo, cartógrafo y respetadísimo ciudadano de Checoslovaquia.

Un día José cuervo volaba sobre un lago cuando vio justo debajo de su pico a otro cuervo igual a él.

Hacia los mismos movimientos y también volaba pero en una posición extraña, volaba con la panza para arriba, volaba con las patas retorcidas, volaba con la plumas al revés.

Cuando José cuervo se acercó, sintió como el cuervo que era igual a él se desvanecía, sintió como si lo atravesara y cayera de picada hacia el río, es decir con el pico hacia abajo.

Una vez fuera del río, seco sus plumas bajo el sol y como era un cuervo muy observador entendió que no era otro cuervo lo que veía bajo sus ojos sino su propio reflejo en la superficie del río, esto le había pasado a otros cuervos antes pero a él le pareció un pensamiento emocionante, de pronto a José cuervo le entraron unas enormes ganas de viajar y conocer aquellos lugares que existían lejos del río y la montaña, lejos de los campos de trigo y los surcos de los campesinos.

José cuervo tenía una familia a quien abandonar, tenía unos hermanos empeñados en pelar por las cosas brillantes como la vieja cuchara de plata, y tenía también una madre, que era una vieja cuerva.

José cuervo no podía platicarles a sus hermanos lo que había visto, no lo entenderían pensó, y se fue sin despedirse, volando al estilo de los cuervos.

Un día paso frente a la gran Universidad de Chacoslovaquia, en donde todos los grandes naturalistas del siglo XIX estudiaban las formas de la naturaleza.

Estudiaban los ríos, las montañas y dibujaban grandes y hermosos mapas, estudiaban las plantas y los animales y escribían enormes libros llenos de hermosos dibujos.

José cuervo se sentaba por las mañana en la rama más alta del cerezo checoslovaco que crece frente a las aulas , y escuchaba encantado las clases que los ilustres magistrados impartían a jóvenes bien peinados, con sombreros extrañísimos y abrigos de lana, se sentaba y reía.

Le parecia divertidísimo cuando los maestros aseguraban que los valles de Checoslovaquia tienen una longitud de tantos metros, una altitud de tantos metros y que florecen en los primeros días de febrero.

José cuervo sabía que las cosas no eran así, sabía que algunos lugares dibujados en los mapas eran mucho más grandes o más profundos, sabía que incluso había algunos ríos y bosques que los hombres ni siquiera sospechaban que existían, sabía como saben todos los cuervos que hay cosas en la naturaleza que son inútiles de medir.

A pesar de esto José cuervo que era muy paciente y tenía un carácter amable, estimaba con cutela los viejos muebles de las aulas tallados a mano, le confundía que los enormes árboles donde el se sentaba pudieran trasformarse en objetos tan brillantes para sentarse de cualquier forma , le gustaban las luces que salían de los dormitorios por las noches, le gustaba especialmente la música de los hombres, él había escuchado a los campesinos tocar extraños instrumentos y bailar con sus mujeres en las fiestas de su pueblo poblano, pero nunca había escuchado nada como aquella música eternamente triste que salía de los auditorios escrita por un hombre llamado Mahler.

José cuervo sentía simpatía por algunos los hombres así es que decidió contarles lo que sabía, pero no podía presentarse así, era demasiado bajito y no tenía un sombrero, decidió comprar un sombrero, un buen abrigo de lana y matricularse en las cátedras de Geografía, Cartografía y Biología con su nombre: José J. Cuervo.

Una mañana mientras el profesor explicaba a las nuevas generaciones la longitud de los valles de Checoslovaquia José Cuervo interrumpió, explico pacientemente que los valles eran más grandes y más lejanos, que en los inviernos algunas plantas siguen latiendo bajo la nieve y se asoman timidamente debido a las pisadas de los niños que juegan a tirarse pedazos de agua congelada.

Todos estaban emocionados con las historias de José Cuervo, incluso el profesor que al principio lo miraba con desconfianza, y es que José Cuervo era muy bajito, además había algo extraño en su forma de caminar, en el tono de su voz, en su gran naríz, que hacía a sus compañeros pensar que en definitivamente era un individuo muy extraño, sin embargo era tan educado, tan paciente y tenía un sentido del humor tan agradable que esas cosas no importaban.

José Cuervo los llevó entonces a los grandes valles que crecían justo detrás de los valles que los hombres ya conocían, les explico como podían diferenciar unos de otros, como las estaciones no son mas que parte de un solo ciclo que se repite varias veces en la vida de un árbol.

En la Gran universidad de Checoslovaquia hay una pintura en la sala de los estudiantes ilustres en memoria de Don José J. Cuervo, quien colaboró con los más notables descubrimientos de la Geografía, Cartografía y el Naturalismo del siglo XIX, pero que por razones del primer mundo nadie hace caso, alguna vez fue retomado por la primera naturalista que pudo entrar a las aulas, pero fue peor.
Algunos estudiantes pasan frente a su retrato y piensan, hay algo extraño en su apariencia, tal vez es que era muy bajito, tal vez sea el sombrero, o la gran nariz, quien lo sabe , definitivamente se trata de un individuo muy destacado.La historias reales están llenas de personajes así.

Fuente: José Cuervo Nieto, quien es muy paciente conmigo y me cuenta historias antes de dormir.

2 comentarios:

contrahecho dijo...

pedazo de blog, enhorabuena niña.

contrahecho dijo...

Por cierto, si hay alguien que mima las palabras hasta el punto de querer enamorarte de ellas, ese es Baricco.